La (ex)socióloga de Tinder a la que ficharon por Tinder: “La cultura del ligoteo no existe”

7′

EL ‘SWIPE’ QUE LO CAMBIÓ TODO

Hay a quien un ‘match’ le da, como mucho, para una noche de diversión. A otros, como a Jess Carbino, les cambia la vida. Tan solo hace falta que sea Sean Rad, fundador de Tinder, quien deslice el dedo a la derecha. Como si Bill Gates en persona te cantase al oído el soniquete de Brian Eno cada vez que encendieses Windows o Elon Musk te fuese a rescatar en persona si te quedas atrapado en una cueva: Carbino hizo ‘match’ por Tinder con el dueño de Tinder. El encuentro no se produjo en un bar o en el cine, sino en las oficinas de la compañía. Carbino, que por aquel entonces era una doctoranda en sociología en UCLA, salió de la reunión con un trabajo bajo el brazo. Se había convertido, en 2014, en la primera socióloga de Tinder.

“Cuando vi que era su perfil, me dije que tenía que ponerme en contacto con él para hablarle de mi investigación”, explica la doctora a El Confidencial. Ni él ni ella tenían interés sexual en el otro, pero sí profesional: pero Rad mostró un gran interés en que la socióloga colaborase con ellos. Dicho y hecho. Desde ese momento, se convirtió en la encargada de comprender cómo los usuarios interactuaban con la aplicación y, de paso, echar un vistacillo a sus costumbres apareatorias. “Soy la prueba viviente de que un ‘swipe’ puede cambiarte la vida”, confiesa. También, de que es posible que Tinder sea más útil que LinkedIn para encontrar empleo.

Hay un descenso en el número de relaciones sexuales, la mayoría de gente no busca ligar cada día con alguien distinto

Carbino, que tenía poco más de 20 años y acababa de llegar a Los Ángeles, pasaba horas preguntándole a sus ‘matches’ por su experiencia en la aplicación. El deber le llamaba: su objetivo era recabar información para su tesis doctoral, que titularía “conocerse y emparejarse en el siglo XXI”. Desde entonces, y tras su paso por Bumble, la joven se ha convertido en una de las voces más escuchadas en los medios estadounidenses sobre nuevos hábitos y costumbres románticas, una serie de reflexiones que espera recoger pronto en su primer libro, en el que mostrará las “desconexiones fundamentales” entre hombres y mujeres en las citas online. Veamos.

Esto no es jauja

Y llegó el ‘match’. (iStock)

“–Me he bajado Tinder.

–Pues te estarás hinchando.

–Eh…”

Lo dijo la Encuesta General de Hábitos Sexuales de la Universidad de Chicago, y Carbino lo confirmó. La aparición de las páginas de citas primero y las apps después no ha provocado, ni mucho menos, que aparezca “un gigantesco grupo de gente siempre disponible para hacer el amor”. Más bien es al revés: “Hay un descenso en el número de relaciones sexuales, la mayoría de gente no busca ligar cada día con alguien distinto”.

Si algo saltó a la vista cuando se puso a escarbar en los datos de Tinder es que la mayoría de usuarios “no quieren sexo”. Si bien es posible que los hombres y las mujeres se comporten de manera distinta respecto a su predisposición al sexo casual –adivinen quién gana–, la popular idea de que Tinder ha generado una cultura del ligoteo masivo (un concepto a veces enunciado con el morro arrugado) es, como afirma Carbino, “simple y llanamente falsa”.

Lo que buscamos en nuestra pareja ha cambiado: nuestras expectativas ahora están relacionadas con la realización personal

Si, como el célebre artículo de ‘The Atlantic,’ los jóvenes cada vez tienen menos sexo, ¿qué hacen con ese tiempo? ¿Qué buscan? “Una relación significativa”. ¿Y qué es una relación significativa? “Puede cambiar según la edad y la situación, puede ir desde un novio o novia a un compañero, son cada vez más las parejas que se casan después de haberse conocido a través de una aplicación”. En otras palabras, un poco de amor.

Pero claro, ¿qué es el amor? A pesar de que las posibilidades para conectar con nuestro entorno han aumentado, nos sentimos más solos, incluso junto a nuestras propias parejas. Para Carbino, esta sensación pone de manifiesto una de las tendencias más acentuadas de las últimas décadas. “Lo que buscamos en nuestra pareja ha cambiado: nuestras expectativas ahora están relacionadas con la realización personal”. La incapacidad de que el amor nos llene nos conduce, demasiado a menudo, a la frustración.

In(satisfaction)

El clásico ‘facepalm’. (iStock)

“–Me he borrado Tinder.

–¿Y qué vas a hacer?

–Apuntarme a una academia de baile.”

Es posible que las aplicaciones de citas se conviertan más pronto que tarde en la principal vía de encuentros amorosos, aunque por supuesto, no la única –“es poco razonable pensar que en algún momento dejaremos de interesarnos por la gente que nos ha resultado atractiva en el mundo real”– y, sin embargo, es habitual que a los períodos de uso de estas aplicaciones le sigan otros de eliminación del perfil, borrado de la aplicación, desencanto y… vuelta a empezar.

De lo que se cansa la gente es de no encontrar la pareja adecuada, no de las aplicaciones en sí. Esa frustración viene de hace décadas

“Ocurre cuando no tienes mucho éxito”, señala Carbino, cuya labor en Tinder era, entre otras cosas, intentar descifrar la mente del usuario. “Pero si echas un vistazo a las películas, libros o series de los años 70, 80 o 90, verás que estaban llenas de personajes quejándose por ser incapaces de encontrar la pareja adecuada”. De lo que se cansa la gente es de la búsqueda sin resultado, no de las aplicaciones. La diferencia es que uno no podía desinstalarse la discoteca de la esquina.

Un momento, ¿discotecas? ¿Bares? La socióloga apunta que aunque repitamos una y otra vez que conocíamos a nuestra pareja en esos lugares, eso no lo hace cierto. “Lo hacíamos a través de amigos, de la familia o de otras instituciones educativas o religiosas donde la gente establecía relaciones previas”, explica. Desde hace tiempo, esos centros que articulaban la vida social han perdido influencia. “Las aplicaciones de citas han sustituido las instituciones donde se conectaba la gente”. Si ya no vamos a clases presenciales y estudiamos ‘online’, hacemos nuestras compras en tiendas virtuales y consultamos libros sin tener que visitar una biblioteca, en algún sitio tendremos que conocer a nuestras potenciales parejas.

Hombre soltero busca

Un día se giró y su vida no volvió a ser igual. (iStock)

“–Hola bombón, a ver si hablamos algún día, bss.” (Mensaje incunable de OK Cupid, año 2009. Jamás obtuvo respuesta)

En 10 años, los tiempos han corrido una barbaridad. La ventaja para el usuario de modelos como el de Tinder es que la criba inicial de perfiles garantiza saber que la otra persona está mínimamente interesada en ti, aunque la ambigüedad de la comunicación virtual siga ahí. “Antes éramos como comerciales, nos sentíamos obligados a explicar las razones de nuestra atracción o de compatibilidad con la otra persona”, señala la autora. “Debíamos convencer a los demás de por qué debían sentirse atraídos por nosotros”.

¿Qué hacemos ahora? Para la socióloga, las aplicaciones de citas han democratizado el amor, reduciendo las barreras virtuales de clase. Si en el pasado proletarios y élites vivían vidas amorosas que nunca llegaban a cruzarse, la ubicuidad de Tinder ha facilitado que sea más fácil que dos personas de muy diferente extracción se junten. En su investigación, Carbino descubrió que, más que por perfil socioeconómico, solemos acercarnos “a aquellos que comparten nuestra misma formación educativa”. Si alguien necesita explicar la relación entre educación y estancamiento social, que empiece por aquí.

Lo que hay que tener claro es si tu criterio es racional o no, si te está permitiendo conocer gente o no

Otra duda. ¿Por qué creemos estar tan seguros de lo que queremos, en cuestión de edad, apariencia física, personalidad, aficiones… si al final todos terminamos con personas con las que a menudo no pensábamos que encajásemos? “Algunos saben lo que quieren, otros no”, responde la socióloga. La cuestión no es esa, sino ser racionales: “¿Es irracional que solo te gusten las personas de más de 8 si tú eres un 5? Posiblemente, porque eliminas una gran parte de candidatos”.

Dos preguntas que debe hacerse todo el mundo: “¿Tienes el nivel de introspección y experiencia suficiente para saber cuál es un criterio razonable y racional?” Y más importante aún: “¿Nos lleva ese criterio a disponer de un mayor o de un menor número de posibilidades?” Tan fácil es fracasar pecando por exceso de tragaderas como por defecto. Como recuerda Carbino, “es irracional pensar que las miles de personas de una ciudad son parejas potenciales, de esos miles habrá unos 20 con los que sí puedas conectar”.

Y comieron perdices

Es posible que el ‘swap’ que llevó a Carbino a encontrarse con el fundador de Tinder no fuese, a pesar de todo, el más importante de su vida: conoció a su marido, con el que se casó a comienzos de este mismo año, a través de la aplicación para la que trabajaba. En casa del herrero…

¿Algún consejo final para esos usuarios en busca de su ‘match’? “Que sean muy reflexivos con lo que quieren, y que recuerden que es un juego en el que debes salir a conocer a la gente en persona para tener éxito. Hasta entonces, no sabrás si funciona o no”. A lo mejor, en lugar del amor de tu vida, encuentras algo aún más raro: un buen trabajo

Hoy en portada

 

Read More