Lo que esconden los servicios gratuitos en Internet


Translating…

Si un servicio es gratuito es porque el producto eres tú; es la dolorosa realidad contra la que chocar en multitud de sectores. Cuando se descarga una app gratuita, cuando se ceden datos personales a cambio de participar en una jugosa rifa o incluso cuando se disfruta de pasar sin pagar a una discoteca o de la primera copa gratis. El mercado se rige por la oferta y la demanda, la banca siempre gana y todos estos ‘regalos’ pueden estar más envenenados que la manzana de Blancanieves.

A finales de enero, Facebook hizo un alarde de transparencia (Cambridge Analytica ofreció mucho de lo que aprender) y lanzó la herramienta ‘actividad fuera de Facebook’. El nombre en sí mismo da que pensar, es una confesión a viva voz de algo que ya sabíamos: la red social también hace un seguimiento de sus usuarios fuera de la plataforma. Bienvenidos a ‘Gran Hermano’.

En resumen, es la actividad que negocios y organizaciones comparten con el servicio sobre las interacciones del usuario fuera de la aplicación: visitas a sitios web, descargas de aplicaciones, donaciones a ONG y un largo etcétera. ¿Eres un despistado con las claves y prefieres iniciar sesión en sitios de terceros con Facebook? Cazado, la red social ya sabe algo más sobre ti. Si la empresa a la que accediste utiliza la herramienta píxel de Facebook, ahora Mark Zuckerberg sabe que compraste aquella camiseta de Baby Yoda en una tienda de merchandising.

¿Es esto una revelación? Para nada, que la red social hace un seguimiento más o menos minucioso de sus usuarios era vox populi. Facebook es un servicio gratuito que permite compartir con familiares y desconocidos de todo el mundo memes de gatitos, noticias, fotos de las últimas vacaciones en Roma y atormentar a todos los contactos con las peticiones de vidas para Candy Crush. A cambio, los usuarios ceden ‘amablemente’ sus datos.

¿Qué hace Facebook con esta información fruto del ‘stalkeo’ legal? Publicidad y más publicidad. La red social llega a conocer tan bien a sus usuarios que personaliza completamente la experiencia de ofrecer recomendaciones de productos, grupos, eventos, organizaciones o de nuevas marcas.

Que no cunda el pánico: la red social no cesa en su empeño de recuperar la confianza de los usuarios, por lo que permite acceder a todo este historial e incluso eliminar y modificar parte del mismo. También tiene la opción de descargar el historial completo o durante una franja temporal, para su posterior revisado; perfecto para los más meticulosos.

Para acceder a esta biografía no autorizada desde el navegador, basta con presionar el triángulo invertido en la parte superior derecha. Después de seleccionar ‘configuración‘, hay que hacer clic en ‘tu información de Facebook’. Aquí se muestran distintas opciones; descargar directamente todo el historial, el registro de actividad dentro de la red social y lo que nos atañe, ‘actividad fuera de Facebook’.

Para poder visionar algunos de estos datos, el servicio reclama introducir de nuevo la contraseña, algo lógico, puesto que información como la ubicación, los inicios de sesión o los historiales de búsqueda son datos sensibles. ¿Esto es todo lo que la red social conoce de los hábitos de sus usuarios? No. Facebook, en su particular FAQ, reconoce que en esta herramienta “no aparece toda tu actividad”.

Por ejemplo, el resumen no contiene la actividad más reciente, que puede tardar unos días en aparecer. Las fechas corresponden al momento en el que Facebook recibió los datos. Además, el servicio explica que recibe más detalles que los que aparecen en la actividad fuera de Facebook. ¿Transparencia? Alegan que “por razones técnicas y de precisión, no muestran toda la actividad” como la información que recibieron cuando no se inició sesión en Facebook o detalles como el artículo que agregaste a tu carrito.

¿Podemos escapar de las redes de la red social? Sí. Si se opta por desconectar el historial, se desconectará la actividad que se muestra en el resumen y la que no se muestra. Además, el servicio aclara que “no vende la información a nadie” (las ganancias las obtiene por la publicidad personalizada) y que “prohíbe a los negocios y organizaciones compartir información confidencial como información financiera, sobre salud, fecha de nacimiento y contraseñas”. Un mínimo alivio.

Un poco de historia

Facebook no ha inventado la penicilina; su modelo de negocio no es nuevo. El software gratuito (no confundir con el software libre, una ‘filosofía’ que nada tiene que ver con lo anterior) nunca es del todo gratis, el pago son tus datos y/o estar expuesto a muchísima publicidad. Esto es un modelo típico de los juegos para móviles, su versión ‘free’ está llena de banners publicitarios que pueden eliminarse pagando.

En la actualidad, el 60% de la actividad diaria pasa por instrumentos digitales. Algo que se multiplica si además se duerme con un instrumento de vigilancia del sueño (los hay que capturan hasta el audio de los ronquidos), un delirio cyberpunk.

Esta información es lo que se llama industria de “datos alternativos” o alternative data según su denominación inglesa. Sin ir más lejos, la información recogida por empresas ha demostrado tener un incalculable valor dentro de la economía. Un ejemplo es que el año pasado, los gestores de fondos financieros invirtieron más de 1.000 millones de dólares en estructuras de recopilado y análisis de datos alternativos.

Esta industria es buena, económicamente, para las empresas, pero mala para la privacidad de los usuarios. Los datos recopilados no sólo sirven para mostrar publicidad a la carta como es el caso de Facebook; otras empresas recopilan la actividad y la venden a terceros. Según datos del grupo de analistas de AlternativeData, en la actualidad hay más de 450 proveedores de datos alternativos. Un número que se ha cuadruplicado durante la última década.

Peligros de ‘regalar’ nuestros datos

Es cierto que puede ser un poco terrorífico el hecho de que varias empresas conozcan nuestros hábitos de consumo, gustos, ubicaciones y hasta estado de salud (frecuencia cardíaca, datos de sueño), es algo con lo que lidiar puesto que la tecnología avanza, permitiendo obtener datos cada vez más precisos y minuciosos, provocando también que el concepto de privacidad esté en constante cambio.

Un ejemplo sería el escándalo de Cambridge Analytica, la firma de consultoría política que recopiló sin permiso datos en 87 millones de perfiles de Facebook en un esfuerzo por ayudar a la campaña presidencial de 2016 de Donald Trump. El incidente se saldó con miles de millones de dólares en multas para Facebook, pero también sirvió como una gigantesca llamada de atención para los usuarios de Internet.

Otro de los peligros sería la negligencia en la gestión y administración de los datos. En la última década ha habido muchos casos de robos de datos bancarios y contraseñas de usuarios de plataformas de venta de contenidos digitales, algunos tan sonados como el escándalo que afectó a millones de personas registradas en la plataforma Ashley Madison en 2015.

El problema es que el usuario no puede prever qué van a hacer con sus datos las empresas, los piratas informáticos o los gobiernos. Son muchos flancos abiertos, muchos los interesados en conocer cada pequeño detalle de la vida cotidiana, cada compra y cada me gusta. Por ahora, la única manera de protegerse es revisar las políticas de privacidad, leer los términos y condiciones, desvincular los historiales en los servicios que lo permitan, recurrir a herramientas de terceros que limitan el seguimiento o desconectarse literalmente de Internet. Antiguamente éramos lo que teníamos, ahora somos lo que compartimos.

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