Más amor virtual para sortear la censura de la familias en la India


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El confinamiento global ha transformado las relaciones personales. También los encuentros amorosos y también en India. La red de citas por antonomasia del país asiático, OK Cupid, ha confirmado una subida del 26% en las conversaciones en su plataforma y un 12% en los emparejamientos, después de que se declarase el encierro de sus 1.300 millones de habitantes el pasado marzo. De hecho, la actividad en esta red estos días está asegurada por el 90% de sus usuarios, en su mayoría familias buscando emparentar a sus vástagos.

Otras redes de citas que usan los jóvenes también experimentan un auge, sobre todo en ciudades donde sus usuarios no sufren tanto la presión de una sociedad en la que religión y tradición aún dominan aspectos de la vida pública y privada. Muestra de esta intransigencia social permanente es que, aun en megalópolis cosmopolitas como Bombay, las parejas no casadas tienen dificultades para alquilar piso ya que la relación entre hombres y mujeres solo es socialmente aceptada tras el matrimonio.

Ejemplo extremo de tal intimidación es el fundamentalismo religioso que abomina de las muestras públicas de amor. El pasado febrero, como cada año, la organización hindú Bajrang Dal quiso que no se festejase el popular día de los enamorados. “Advertimos a bares, cafeterías y hoteles que hacen negocio en San Valentín que no lo celebren. Si lo hacen, les boicotearemos”, avisó M. Subhash Chander, codirector de la organización en el Estado de Telangana, en el centro de la India. Guardianes de la moral, el grupo ataca a parejas cogidas de la mano, a quienes aman alguien de distinta casta o religión, o a los que tiene relaciones con personas del mismo sexo.

Esta organización hindú ha exigido que el 14 de febrero deje de llamarse “Día de San Valentín” y pase a ser el “Día del Soldado Valiente”, en recuerdo a los caídos en el atentado terrorista contra militares indios en febrero de 2019. Una excusa, sin embargo, ya que ese mismo año extorsionaron a establecimientos que tenían ofertas para parejas en Hyderabad, capital de Telangana y centro tecnológico habitado por una amplia comunidad de expatriados. Mientras que en 2018, la Universidad de Lucknow, capital del estado de Uttar Pradesh, al norte de India, aconsejó a sus estudiantes no merodear en el campus por miedo a las reacciones de estos fundamentalistas; que consideran esta fecha “una tradición occidental ajena a los valores hindúes”.

El grupo religioso no solo usa el patriótico pretexto de honrar a los mártires nacionales para imponer su idea moralista de la India. También corrompe la causa de la defensa de la mujer. En 2017 el grupo fue integrado en policía del Estado de Uttar Pradesh, de los más poblados y desiguales del país y liderado por un predicador hindú. Con la excusa de evitar el abuso sexual a chicas, sin embargo, las llamadas “brigadas anti-Romeo” fueron denunciadas por agresiones a parejas inocentes. En sus primeros nueve meses de vida, interrogaron a dos millones de personas, de las que casi un millón fueron amonestadas y más de 3.000 multadas. Ante el aumento de ataques machistas, se reavivó la actividad de este escuadrón paramilitar.

Con poco más de 2.000 unidades, la relevancia del grupo es relativa en un país de la población de la India, pero no así su fundamentalismo, respaldado por una sociedad tradicional. Sobre esa intransigencia, este y otros grupos construyen un discurso que discrimina toda religión que no sea la hindú, en particular la musulmana, además de condenar la homosexualidad y las relaciones entre personas de castas y religiones diferentes.

La Ley de Matrimonios Especiales de la India contempla la unión civil entre individuos de distintas castas y religiones desde 1954. Pero la discriminación sigue vigente y los llamados “asesinatos de honor”, familias que matan a sus miembros por esas relaciones, acabaron con la vida de 69 personas en 2016. Medios locales advierten que estos aumentaron un 796% de 2014 a 2015. La imposición de tradiciones religiosas choca con la visión moderna de la nueva generación en la India, nacida con más libertad de información. Un estudio de la organización Masum subraya que gran parte de los suicidios de jóvenes de Pune, ciudad universitaria cercana a Bombay, estaba relacionada con la presión que reciben al mantener relaciones entre castas.

 

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